Aviso Importante

A partir de mi regreso a México, el 24 de noviembre de 2008, decidí dejar de publicar en este espacio, con la intención de respetar el cierre de un ciclo. Desde el mismo día, puedes visitar mis ocurrencias en Ernesto-BCN. ¡Gracias por tu visita!

lunes, 1 de septiembre de 2008

Abordando

Estoy en la sala 22 de la Terminal 1. Listo para abordar en unos minutos. México-Amsterdam-Barcelona. Dios mediante la próxima entrada será publicada desde las orillas del Mediterráneo. Y empezaré a ponerme a mano. Relatar algo de lo mucho que viví en estos dos meses y que no tuve oportunidad de compartir. Y retomar la crónica del exilio voluntario. 

Ya estoy extrañando. Y al mismo tiempo, con la necesidad de retomar el espacio para pensar. Retomar el tiempo para permitir que maduren algunas de las ideas que ya se cocinan dentro de mí. Y volver. Con más fuerza.

sábado, 30 de agosto de 2008

lunes, 25 de agosto de 2008

Ciegos

Si tenemos cinco sentidos, ¿por qué limitarnos a uno de ellos? Palabras más, palabras menos, esa es la idea con la que se desencadena la transformación de Mirco, un pequeño de diez años que ha quedado ciego tras un accidente. A falta de la vista, Mirco ha de redescubrir el mundo a través del resto de sus sentidos. En particular, su travesía será apoyado en el oído. Un sentido que creemos tener muy desarrollado. Que usamos a diario. Pero que, como el resto, está tan distraído. 

Rojo como el cielo es una sencilla pero poderosa película italiana que circula en estos días por el circuito cinematográfico del D.F. (Circula, por cierto, a casi dos años de su lanzamiento en Italia.) Más allá de la obligada reflexión sobre la vista y el oído, la atención y la percepción, Rojo como el cielo se sumó de inmediato a mis reflexiones pedagógicas: el instituto donde estudian Mirco y sus compañeros funciona perfectamente como metáfora de nuestro sistema educativo, ese modo de entender la educación al que nos aferramos -vaya paradoja- ciegamente. 

Cuando salí del cine no podía dejar de preguntarme, ¿quiénes son los verdaderos ciegos en nuestra propia película? ¿No estamos las escuelas reforzando la "ceguera" en los corazones de nuestros niños? ¿Qué estamos haciendo para provocar su mirada, para despertar su atención, para ayudarles a echar a volar la imaginación?

miércoles, 20 de agosto de 2008

Agotado

Días de inmenso ajetreo. Subir y bajar. Ir y venir. El regreso a clases siempre es pesado. Pero esta vez ha resultado agotador. Los retos son muchos y son grandes. Emocionan, motivan. E inevitablemente agotan. Hay días mejores que otros. Horas mejores que otras. La cercanía de la familia alimenta. Inspira. Fortalece. Dentro de poco más de una semana estaré viajando de regreso a Barcelona. El tiempo está volando.

lunes, 11 de agosto de 2008

Ezequiel

Ezequiel tiene 12 años. Sus papás se dedican al campo. Vive en una comunidad al este de la ciudad de Oaxaca. Lo conocimos el sábado, cuando nos ofreció guiar nuestro recorrido a través de los manantiales y cascadas petrificadas de Hierve el Agua. Y no sólo nos acercó a la belleza de ese lugar sagrado, también nos dio una lección de conciencia. Conciencia de sí mismo, de su comunidad, de su medio. Su seguridad nos hizo sonreír más de una vez. En lo personal, me llenó de emoción observarlo y escucharlo: ver las enormes probabilidades que tiene de ser auténticamente feliz. Más aún: ver que, de alguna manera difícil de explicar, ya lo es. Ver que es más feliz y tiene más probabilidades de seguirlo siendo, que cualquiera de los niños que asisten al colegio donde trabajo. Esos niños que aparentemente lo tienen todo. Que tienen tantas posibilidades de "éxito", pero que tienen tan poca conciencia de sí mismos que permanentemente las dejan ir.

Apunte. Este fin de semana estuvimos en Oaxaca. Una vez más se trató de una visita corta, a toda velocidad. La brevedad no le resta valor. Al contrario. Fue una visita intensa, emocionante, enriquecedora, entrañable. De buena comida, excelente compañía, emotivo reencuentro. Sin duda valieron la pena las largas horas de carretera, ida y vuelta. Algunos aspectos de la visita merecen ser apuntados con mayor detalle. Espero descargar algunas fotos y agregar algunos comentarios.

jueves, 7 de agosto de 2008

Resumen de una intensa semana

Los rituales previos al arranque del ciclo escolar están resultando intensos como de costumbre. Quizá un poco más. Esta vez mis responsabilidades con el colegio son mayores y el compromiso con la gente, en consecuencia, aumenta. Esta semana de capacitación con los profes ha sido pesada pero enormemente productiva y satisfactoria. A poco más de un mes de mi llegada a esta ciudad, parece que nunca me hubiera ido. Mucho trabajo, muchos proyectos, muchas ganas de hacer cosas. Me quedan unas semanas antes de volar nuevamente al viejo continente. Y me queda mucho por hacer.

Por lo pronto, te cuento que ayer me llevé a todos los profes del colegio, desde las de preescolar hasta los de preparatoria, a un día de campo. Majo, mi hermana, me ayudó a organizarles un par de actividades. Terminamos la jornada disfrutando las delicias que cada quien llevó para compartir. (Yo cooperé con pastel de elote y pastel de chocolate. Quedo a deber la crónica de su preparación, mi emoción en la cocina, mis llamadas a Mariana y a mi mamá para evitar catástrofes culinarias, mi angustia y emoción contemplando en el horno cómo ambos postres se iban inflando. Según mis compañeros el resultado valió la pena.)

La ocurrencia de esta escapada a la naturaleza resultó genial. Algunos extendimos nuestra estancia lo más posible. Caminamos descalzos por el pasto. Algunos bajaron al arroyo a mojar los pies. Otros treparon a algún árbol. Unos más nos rodamos como chiquillos por una pendiente.

Nos dimos permiso. Uno de esos permisos que cotidianamente nos negamos. Y pasamos un muy buen rato. Pronto llegará el momento de contagiar a los niños la alegría que venimos construyendo juntos. Voy con optimismo.

lunes, 4 de agosto de 2008

Ayer en el súper...

Corrijo: en la Comer. Anoche, haciendo la compra, nos topamos con que a Don Julio Regalado le anda fallando la ortografía. Seguro por andar "fantaceando".

sábado, 2 de agosto de 2008

Aniversario

Muchas cosas me ocupan la mente, pero resulto incapaz de transformarlas en palabras. 

Hace 34 años mamá y papá hacían votos ante Dios y ante quienes les acompañaban. Hoy, aquí siguen, conservando, madurando y transmitiendo su amor. Siendo inspiración. Saben cuánto los amo y admiro.

Dos más que pidieron sus abrigos...

Escribía ayer Carmen Aristegui en su columna de Reforma:
"En tiempos de congoja, incertidumbre y descomposición, como los que hoy vivimos, debería prohibirse que poetas, escritores y dramaturgos se murieran. Más, si se mueren juntos. Qué desamparo."
Me uno a la moción.

Alejandro Aura, uno de los dos que se fueron esta semana, escribió en su poema Despedida, re-publicado en estos días en su blog:
Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

martes, 29 de julio de 2008

Con Kiri en Tepoz


Decía en la entrada anterior que una de las cosas que hacen que la vida valga la pena es caminar la montaña. Eso hicimos M y yo con mi familia el domingo. Fuimos a Tlayacapan y subimos el Tlatoani. Por la tarde comimos en Tepoztlán. Una jornada genial. Al placer de respirar la naturaleza, súmese el goce de estar con la familia. Incluida la Catarina, que vino desde París para conocer al mismísimo Y, alias Kirikou. A reserva de que en estos días "cuelgue" algunas fotos de la montaña, comparto un par de instantáneas con mi adorado sobrino Kiri. 

sábado, 26 de julio de 2008

11 cosas...

... que hacen que la vida valga la pena?

Después de casi una semana sin publicar, ante los siempre amables ánimos de La Y y Luna, provocado por el reto de JuanPa, y motivado por las listas de Pichigato, Pixie y La Cordero, aquí voy. La idea es listar 11 cosas que hacen que la vida merezca la pena ser vivida. La lista que propongo es provisional, pues espero me queden aún años por vivir, lo cual deja abierta la posibilidad de que unas cosas sustituyan otras.

En fin, considerando lo vivido hasta ahora, aquí van mis 11 propuestas. (El orden es absolutamente intrascendente, es decir, no establece ninguna jerarquía ni prioridad.)

1. Escuchar en vivo el Huapango de Moncayo o la Obertura Solemne 1812 de Tchaikovsky.

2. Respirar, caminar, contemplar... la playa, la montaña, el bosque.

3. La creatividad del ser humano... particularmente ésa que se revela de modo tan peculiar en el arte: en un cuadro, una escultura, una composición musical, un poema, una novela, una obra de teatro, una película.

4. El amor. El que se da y que se recibe. El de mi familia. El de mis amigos. El de mi pareja. 

5. Estar enamorado... ser correspondido... Y esforzarse por mantenerse en ese estado, reforzándolo con amor.

6. La inevitabilidad de equivocarse... y la posibilidad de rectificar. La tranquilidad que produce pedir perdón.

7. La comida. El milagro de la comida que la naturaleza comparte con nosotros. Y el milagro de la comida que produce el ingenio del homo faber.

8. Descubrir la diversidad entre los seres humanos. Y experimentar no sólo el respeto hacia las diferencias, sino el amor por ellas. 

9. La risa. Reír solo. Reírse con alguien. Contemplar la risa de un niño. Y ¿por qué no? provocar la risa de otros.

10. El llanto. Llorar solo. Llorar con alguien. Acompañar a alguien en su llanto.

11. La experiencia de aprender, de descubrir algo nuevo. Ese instante de revelación que los mexicanos describimos con tanta claridad con la expresión "me cayó el veinte".

domingo, 20 de julio de 2008

No es lo mismo que (casi) veinte años después...

Aclaro en primer lugar: me gustó. Me pareció una película bien hecha, emocionante, divertida. Con sus detalles, con sus excesos, con sus carencias. Una buena película al fin y al cabo. Pasé un muy buen rato y sin duda la vería de nuevo. Pero...

No sé. Al final el Batman de El Caballero de la Noche no es el mío. Este Batman que pretende estar a la altura del siglo XXI no me termina de convencer. Mi sensación es que el verdadero Batman, con sus archienemigos, con su Ciudad Gótica, con su comisionado Gordon, con su inseparable Alfred, pertenece a un espacio y un tiempo que existen sin espacio y sin tiempo conocidos. Para mí, el mundo de Batman se parece al nuestro pero no es el nuestro. Una suerte de universo que puede ser paralelo al nuestro, pero que definitivamente no es el mismo. Y cuando el caballero oscuro o el fascinante demente de la sonrisa permanente aparecen inmersos en el mundo que vivo, algo no me cuadra. Cuando Ciudad Gótica es una mezcla de Nueva York con Chicago (y no una ciudad paralela a éstas), o cuando nos vemos forzados a ligar al Joker o Guasón con el crimen organizado real de nuestros días... para mí, algo falla; simplemente, no me convence del todo.

Reitero: me pareció, igual que Batman Inicia, una gran película. Sin embargo, hablando de Batman en la pantalla, me quedo con el de Tim Burton.

jueves, 17 de julio de 2008

Bienvenido Güelcom

Fue encontrarse por primera vez con la seguridad de estar ante buenos conocidos. Incluso sus voces fueron casi exactamente las que hasta ayer solían acompañar sus palabras cada vez que les escuchaba través de sus blogs.

Cuando iba camino a la Condesa pensaba en lo curioso, lo extraño, lo emocionante, lo valioso del encuentro que me esperaba. No era la bienvenida de los cuates del trabajo, o los viejos amigos de la escuela. No era la usual reunión entre quienes están unidos por un amplio campo de experiencias compartidas a lo largo del tiempo y el espacio. Y, sin embargo, era consciente de ir hacia un encuentro poderoso. Para mí era evidente que teníamos pocas cosas en común. Ahí radicaba justamente la clave. Lo que me entusiasmaba, lo que me movía, era la claridad de ir a un encuentro absolutamente desinteresado. Nada me obligaba. Simplemente quería compartir un rato con ell@s.

Ell@s ya se conocían. Ya habían pasado por la experiencia de ese primer encuentro. Y quizá eso ayudó. O quizá no. Da igual. El hecho es que, desde el primer saludo, estaba claro: me encontraba entre buenos conocidos. Y pasé tres horas en excelente compañía. Con buena charla. Con mis tropiezos también de los primeros encuentros, sin duda. Con la frescura de estar simplemente porque a uno se le da la gana compartir un rato con alguien. Pero, sobre todo, con la satisfacción de confirmar sus voces, sus sonrisas, sus gestos... Que resultan a partir de hoy tan poderosos cuando leo lo que cada quien con su peculiar estilo comparte a través de sus ventanas digitales.

Gracias JuanPa. Gracias Cordero. Gracias Pixie.

PD. Hay más que decir, sin duda. Pero dejo por el momento esta primera emoción.

domingo, 13 de julio de 2008

Mi barrio

Me encanta mi País. Me encanta su gente. Su sencillez. Su transparencia. Esta mañana asoma un sol peculiar. Un sol como hace días no se mostraba. La luz que irradia me deja descubrir como por primera vez mi barrio. Lo he caminado un rato como quizá nunca lo había hecho. Una mañana de domingo -muy de mañana- permite ver, oler, sentir mi barrio de un modo distinto. Y renueva mi amor por este País. Por su gente. Sus colores. (Los de los pequeños parques, el mercado, las fachadas de entrañables casas casi en ruinas contrastando con los edificios que siguen brotando cada día.) Sus melodías. (Las de las aves, las risas, los anafres, los árboles al viento; las de los desentonados pero emocionadas guitarras, voces y panderos en la iglesia.) Sus olores. (Los de la comida a través de las ventanas y en los tempraneros puestos de las esquinas, los del pavimento todavía húmedo por la lluvia, pero aún sin ser saturado por los automóviles.)

A veces, lo he dicho en otras ocasiones, me duele mi País. Es inevitable. Duele el dolor de quienes queremos. Pero hoy está brillando el sol ahí afuera. Hoy se aparta el dolor. Hoy gozo que me encanta mi pueblo.

Apunte. El viernes fue otro día importante. Mi querido hermano se une a las filas de quienes, como dice un buen amigo, habitan en adelante los "tas". Hablamos por teléfono un rato ese día, compartimos algo sobre las complejas emociones de ese vivir lejos y regresar por momentos. Decíamos que un poco es como si uno se perdiera fragmentos de una película, mientras el resto tampoco ha visto escenas de la que uno ha vivido. El asunto no deja de ser emocionante. Aprovecho para reiterarlo, hermano: felicidades por esas tres primeras décadas. Un nuevo abrazo hasta Vancouver. Te quiero y te admiro.

miércoles, 9 de julio de 2008

En marcha

Las cosas van marchando. Por momentos me desespero, quisiera que todo fuera más rápido. Pero me detengo, respiro, echo un vistazo dentro, recuerdo, exploro, tomo fuerzas, salgo, echo un vistazo fuera... y sigo adelante. Más fuerte. Con más ganas. Más consciente de mi pequeñez. Con más deseos de seguir construyendo.

En el mundo de lo laboral... Algunas cosas no han sucedido como lo había visualizado. A la distancia idealicé y hoy, en medio de las cosas, encuentro obstáculos que no había imaginado. Por el momento, es cosa de seguir reconociendo el terreno. Y tomar decisiones.

En otras cosas... Quedan varias "bienvenidas" pendientes. Una de ellas particularmente especial pues, a diferencia del resto, no supone un reencuentro. En una semana está programada la blogger-güelcom. Algunos ya han dejado ver sus intenciones de apersonarse el día 16 (exactamente en una semana). Queda por concretar hora y lugar. Si la motivación no ha decaído, se aceptan sugerencias pa' cerrar los detalles de la convocatoria. Y, por supuesto, la invitación sigue abierta. 

Y en ese tenor... En un arranque de locura sería capaz de organizar un blogger-encuentro en las costas del Golfo. ¿Cuánto se hace del DF a Coatza?

lunes, 7 de julio de 2008

Poco a poco

Creo que no es tan complicado. Eso sí: se requiere esfuerzo, dedicación. No desesperar. Ser paciente y estar atento a las propias reacciones, a la voz que desde dentro insiste y no se da por vencida.

Es cosa de dejar el corazón alerta, de mantener abierta la piel. Atender a la luna. Escuchar la música del viento. Dejar que fluya el caudal creativo que nos une. Y, de nuevo, no desesperar.

Apunte. El sábado, una agradable comida sorpresa de bienvenida con familia y algunos amigos, que terminó pasada la medianoche con todo y Mariachi. El domingo, comida de bienvenida con la familia política, que remató con un ameno par de horas de karaoke. Gracias a todos los involucrados.

sábado, 5 de julio de 2008

Rutinas

Es evidente que estoy feliz de estar en México. Aún así, hay cosas que han hecho difícil el regreso. Una, que puede parecer trivial, es el sol. Me falta luz. Reviso el pronóstico y los días que vienen pintan igual. Si acaso a media mañana asoman tímidos algunos cuantos rayos de sol. Otra, la temida inercia de las rutinas. Por momentos me descubro cayendo en ellas y perdiendo ese espíritu que me ha hecho renacer. Descubro que quizá el remedio es inventarme rutinas de reacción: rutinas para responder, para contrarrestar. Una, por ejemplo, es este espacio y las visitas a las ventanas de los digitales compañeros de viaje. Otra, la música. Respuesta, ha sido siempre, pero hoy es indispensable como pauta para programarme, para visualizar la conciliación necesaria entre mi propia historia y lo que he venido construyendo.

miércoles, 2 de julio de 2008

DF

Ya estoy en el nublado y lluvioso DF. Emocionado. Y con algunas secuelas del jet lag.

Es momento de empezar a poner al día muchas cosas. Entre tanto, no sé si podré actualizar este espacio. Lo intentaré. Espero que si me tardo, tengas paciencia.

martes, 1 de julio de 2008

Conectando con poca conexión en JFK

Sí, suena extraño, paradójico o hasta ridículo. Me explicaré. Estoy en el aeropuerto JFK de NY. Aterricé a las 12.45 PM, hora local. La salida de mi vuelo hacia el DF está programada a las 5.55 PM. (La conexión no fue tan breve como creía, ya se ve.) Una vez atravesado el control de pasaportes, recibido y re-entregado el equipaje, y superados nuevamente los controles de seguridad, me encuentro en la Terminal 3, para esperar mi nuevo vuelo. ¿Qué se puede hacer? Esto es un infinito centro comercial. No se trata de una mera provocación para el consumo. Estoy hablando de una presencia tan invasora de los comercios que me agobio de describirlo. Poco espacio para cualquier cosa que no sea consumir. Y cuando encuentro una sala relativamente tranquila, ¡no existe manera de conectarse a internet! ¡Increíble! ¡Estoy hablando de JFK! Recorro varias. Algunas llenas, algunos pasillos más o menos despejados. Y nada. Al final, estoy en la Sala 6, donde en un rato se abordará un vuelo hacia Salt Lake City. Una sala medianamente ocupada donde ¡milagrosamente hay red inalámbrica!

Toda esta búsqueda era para revisar correos, matar un poco de tiempo y, sobre todo, para escribir aquí un par de líneas. Decir que estoy emocionado. Que lo de las dos lágrimas sucedió casi como lo describí en la entrada anterior. (Casi porque no fueron una y una, fueron muchas y muchas.) Que seguramente en el vuelo que sigue esas emociones seguirán revoloteando. Que quiero llegar a México, tanto como ya echo de menos Barcelona. Que conforme pasan los minutos, me angustia no ser capaz de conservar lo que he descubierto, y dejarme devorar por la inercia, por los itenerarios. No será fácil. Pero estoy convencido de que el esfuerzo por cuidar esto que he venido descubriendo, bien vale la pena.

Por lo pronto, ya estoy más cerca.

How about love?

Si todo va de acuerdo con itinerario, cuando esta entrada se publique estaré volando rumbo a la Ciudad de México, con breve escala de conexión en Nueva York. Puedo imaginar el vuelo: escapará sin duda al menos un par de lágrimas. Una será de alegría, por supuesto: vuelo hacia ti bb, hacia buena parte de la familia, hacia entrañables amigos, hacia el mundo donde por más de tres décadas me he construido, al que inevitablemente pertenezco y al que quisiera aportar algo. Las causas de la otra lágrima son más difíciles de describir: puede que sea la nostalgia, la melancolía; la conciencia de cerrar un ciclo y dejar atrás un espacio-tiempo que resultó tan impredecible como apasionante.

¿Cómo medir el tiempo? ¿Cómo medir esta estancia en Barcelona? Quizá "medir" suena extraño, pero en el fondo es la idea que subyace en muchas de esas preguntas -bienintencionadas todas- que hará la gente en los próximos días.

¿En número de clases? ¿En aprendizajes concretos obtenidos durante el curso de doctorado? ¿En lugares visitados? ¿En gente conocida? ¿En días? ¿En número de piezas de equipaje para el regreso?

Es claro que lo que mejor ayudaría a "evaluar" lo que ha pasado de septiembre a hoy son solamente aspectos intangibles dentro y fuera de mí, de éste y del otro lado del océano. Intangibles e incluso indecibles, a falta de un vocabulario y una gramática que resulten medianamente satisfactorios.

Por eso, prefiero explorar una posible respuesta: ¿qué tal en amor?