Aviso Importante

A partir de mi regreso a México, el 24 de noviembre de 2008, decidí dejar de publicar en este espacio, con la intención de respetar el cierre de un ciclo. Desde el mismo día, puedes visitar mis ocurrencias en Ernesto-BCN. ¡Gracias por tu visita!
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lunes, 10 de noviembre de 2008

Dos semanas

Like as the waves make towards the pebbled shore,
so do our minutes hasten to their end,
each changing place with that which goes before
in sequent toil all forwards do contend.

Del Soneto LX de William Shakespeare
En Understanding Media, en el apartado dedicado a los relojes, Marshall McLuhan describe cómo la alfabetización de Occidente hizo posible "nuestro sentir del tiempo como duración", definido a partir de algo que se da entre dos puntos: 
De la división del tiempo en unidades uniformes y visibles proviene nuestro sentido de la duración y nuestra impaciencia cuando no podemos aguantar la demora entre acontecimientos.
O viceversa: cuando por diversos motivos se vuelve difícil sobrellevar la extinción del lapso que separa dos de esos puntos.

No había querido enfrentarlo pero, parafraseando a Shakespeare, los minutos se están precipitando como olas. Busco la forma de concebir el tiempo de otra manera; renunciar a esta visión trágica del tiempo. 

Escribe McLuhan que las velocidades instantáneas, descubrimiento propio de la edad electrónica, "suprimen el tiempo y el espacio y devuelven al hombre a una conciencia integral y primitiva". Estoy convencido de lo primero, pero la experiencia me obliga a diferir claramente en lo segundo.

Así, incapaz de desprenderme de la fatalidad del tiempo, comienzo nuevamente la cuenta regresiva. Con inmensa alegría. Con inmensa nostalgia. Con inmensas inquietudes. Con inmensa esperanza.

Dos semanas.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Política y Poesía

La «cosa-pública» es una de mis debilidades: uno de esos intereses que pesan poderosamente en mi vida, aunque no he tenido la oportunidad de explorarla y profundizar en ella como quisiera. Quizá por eso no acostumbro hablar de política, aunque soy capaz de pasar horas aprendiendo y divagando sobre ella. En particular, salvo por conexiones muy sutiles y necesarias, he evitado usar este medio para hablar de política. Pero hoy me resulta inevitable romper esa regla. Parecerá un lugar común. (¡Y no sé qué tenga de malo eso!) Desde hace horas, seguramente, en miles y miles de páginas como ésta se están publicando entradas que hablan del tema. 

Es sabido que la elección que ayer culminó en los Estados Unidos de América, ha sido acompañada por la mirada del mundo entero desde las campañas internas de los partidos. Desde esa temprana hora, como millones de quienes fueron teniendo la oportunidad de escuchar a través de algún medio la voz de quien será el próximo presidente de aquella nación, sentí una emoción muy particular ante sus palabras. Me parecía evidente -como a millones de personas, es claro- que la inspiración de aquel sujeto no apelaba a la razón: se dirigía a fibras más profundas en nuestros tejidos. (Algunos dirán que se trata de fibras de menor valor, cuando lo que cuenta es sólo la razón. Difiero por completo.) Con el tiempo la poderosa herramienta de su "credo" empezó a generar un efecto en cadena como pocos se han visto en nuestros tiempos. ¿Como ignorar que la "poesía" que imprimió a su discurso hizo posible convertir una arenga en canción

Cierto que mucho hay de construcción en ese discurso; cierto es también que la estrategia de comunicación fue impecable y precisa en todo momento para acompañar sus palabras; cierto que la tecnología jugó un papel fundamental para alcanzar nuevos votantes. Pero todo eso funcionó al grado que funcionó, me parece, por una razón muy sencilla: la gente necesitaba esa "poesía" y este hombre ha sido capaz de ofrecerla. 

En un mundo convulsionado, donde la racionalidad y el individualismo extremo nos tienen en la lona y con la cuenta atrás, escuchar una palabra inspirada parece música. Cierto. El mundo es gobernado ya por intereses que rebasan a las figuras particulares. Pero cierto es también que un pueblo con inspiración es capaz de moverse, de transformarse. En su discurso de hace unas horas, el candidato electo dice a sus seguidores, palabras más palabras menos: «No tomará un año, posiblemente no nos tomará ni siquiera una administración, pero lo lograremos». Puede que ni siquiera un segundo periodo sea suficiente para cumplir ciertos sueños del pueblo americano (que queramos o no terminan incidiendo en los sueños del mundo entero, sujeto tantas veces a sus caprichos y vaivenes). Pero si ese pueblo -como también todos en lo nuestro– es capaz de creer auténticamente en sí mismo y en sus posibilidades, el mundo puede ser otro. 

El discurso de Barak Obama celebrando su victoria anoche, evidentemente, no tiene un segundo de desperdicio.


Watch CBS Videos Online

Adenda. El discurso del senador McCain admitiendo su derrota también es digno de ser escuchado: por su caballerosidad, su humildad; por la elegancia que refleja su llamado de unidad.

Al margen. Hoy planeaba publicar mi reseña sobre Vicky Cristina Barcelona, pero es evidente que me ganó el entusiasmo ante el discurso de Obama. Será mañana.

lunes, 20 de octubre de 2008

Cansancio

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Hace unos días evocaba para mis adentros las líneas de Neruda que abren esta entrada. Hay días así, en que uno se cansa de ser. Confieso que con cierta frecuencia me ha sucedido esto de cansarme de mí mismo. Es una experiencia difícil de explicar: no es tristeza, ni enojo, ni melancolía. Sucede, por ejemplo, cuando siento que algo de mí me traiciona con innegable claridad. Cuando, por ejemplo, mi sombra es mi única compañía y sus pensamientos recurrentes y en espiral me resultan agobiantes. O en esas noches cuando, antes de ir a dormir, uno se mira al espejo con cierto grado de inconformidad por todo lo que el sujeto que observa desde el otro lado hizo o dejo de hacer durante el día. Días en que simplemente uno se cansa de sí mismo. 

Afortunadamente siempre sucede que uno tiene oportunidad de reconciliarse. Mientras ese instante llega, el cansancio de ver este blog igual día tras día me llevó a devolverle la piel con que nació hace diez meses. 

sábado, 2 de agosto de 2008

Dos más que pidieron sus abrigos...

Escribía ayer Carmen Aristegui en su columna de Reforma:
"En tiempos de congoja, incertidumbre y descomposición, como los que hoy vivimos, debería prohibirse que poetas, escritores y dramaturgos se murieran. Más, si se mueren juntos. Qué desamparo."
Me uno a la moción.

Alejandro Aura, uno de los dos que se fueron esta semana, escribió en su poema Despedida, re-publicado en estos días en su blog:
Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

martes, 24 de junio de 2008

Vuelvo

Comienza la cuenta atrás. Y con ella, como he venido diciendo, los recuentos. Tal vez soy un exagerado. ¿Qué son nueve o diez meses?
Vuelvo al Sur, 
como se vuelve siempre al amor; 
vuelvo a vos, 
con mi deseo, con mi temor.
Y por un momento las emociones engañan. De pronto, la sensación de "tener que" volver. Y no es que el "querer" desaparezca. El deseo, la urgencia de volver late con fuerza. Pero también la ingenua ilusión de extender este paréntesis. De prolongar el silencio que me encontró y en el que me encuentro. ¿En qué equipaje puedo meterlo? Para llevarme un trozo y poder evocarlo cuando haga falta. Refugiarme en su inmensidad y conservar al que soy. El que había olvidado.
Llevo el Sur, 
como un destino del corazón; 
soy del Sur, 
como los aires del bandoneón. 
En cierto modo nunca me fui. Y es que ese destino está tan marcado aquí dentro que por grande que fuese la distancia, he estado ahí. Fue solo un espacio en el tiempo. En cierto modo el tiempo se detuvo. Me brindó la oportunidad de salir de su ruta vertiginosa y caminar por otra vereda. Y se acerca el momento de retomar aquel ajetreado camino. Ingenuamente espero que todo ahí esté como cuando lo dejé. Y quizá con la misma ingenuidad aquello esperará encontrarme intacto. Pero en el fondo, tanto lo que hay en aquella ruta como yo, sabemos que no es así. Que hemos cambiado. Que el tiempo no se detuvo. Que sí me fui. Aunque fuese por un rato. Pero a pesar de las transformaciones, grandes o pequeñas, evidentes o imperceptibles, ciertas cosas se llevan como destino en el corazón.
Sueño el Sur, 
inmensa luna, cielo al revés; 
busco el Sur, 
el tiempo abierto, y su después. 
Tiempo abierto. ¿Y su después? Vuelvo al Sur. Y aunque después he de volver también a este puerto, es claro que algo termina. El próximo viaje al Norte será distinto. Éste, se desvanecerá en unos días. Algo queda. Como siempre. Pero también algo se va. Y queda en uno conservar lo que se pueda.

[Paréntesis: Mientras escribo, otro tango, uno de los de siempre, se aparece en mi cabeza... Tengo miedo del encuentro / con el pasado que vuelve / a enfrentarse con mi vida. Deseos y temores se mezclan. Se vuelven inseparables. Indistinguibles unos de otros. ¿Son cosas distintas? Son lo mismo.] 

Lo cierto es que tengo esta manía con los ciclos, los comienzos, los finales... Aunque sea para que la vida tenga otro sabor. Eso explica, quizá, mi obsesión por registrar cosas, por encontrar patrones temporales, por conectar unas cosas con otras, por darle ese toque de relato a lo que, posiblemente, no son más que fragmentos. El hecho es que en una semana, a estas horas, estaré volando rumbo al sur.
Vuelvo al Sur, 
llevo el Sur, 
te quiero Sur...
Apunte: Vuelvo al Sur es una canción con música de Astor Piazzolla y letra de Fernando Solanas. La versión que escuchas está en voz de su intérprete original en la banda sonora que Piazzolla dio a la película Sur, de 1988. Los Gotan Project tienen una versión deliciosa en La Revancha del Tango.

P.D. Anoche la verbena fue interesante. En los barrios, las hogueras en atmósfera de pueblo. Era curioso caminar por el Eixample y toparse en un cruce con la hoguera encendida y los vecinos conviviendo alegremente en largas mesas, mientras los chicos lanzaban petardos al fuego. Abajo, en la playa, la multitud era impresionante. El ambiente de fiesta, por supuesto. En toda la ciudad, tronido de petardos toda la noche. 

sábado, 3 de mayo de 2008

Me encanta Sabines...

Es un viejo magnífico. Y digo es porque de Jaime Sabines, como de tantos otros, no puede decirse fue.

En mi "canasta básica" están las "dosis precisas y controladas" de luna que propone en un "poemita". "La Luna" de Sabines en voz de Sabines está en mi iPod para cuando me ahogo. Pero también para cuando respiro hondamente. 

Sabines leyendo a Sabines es único. La intensidad de su poesía con la frescura justa de su voz. Tres muestras. Mi favorito, "Espero curarme de ti". Más de una vez durante mi larga adolescencia, invoqué para mis adentros esa necesidad de curación. Y aún hoy, leo o escucho este poema y me estremezco. 


Sabines sabía reír. Y con sentido del humor hacía frente a la vida. Aunque quizá a veces uno termina interpretando como sentido del humor lo que en realidad es pura sabiduría, como cuando habla de la "juventud por contagio"...


Cierro con lo que abrí, para todos los "condenados a vida": "La Luna".


En "Me encanta Dios", Sabines dice de Él: "Viejo sabio o niño explorador". Ésta, como muchas de las ideas contenidas en ese magnífico poema, aplica igualmente para su autor. 

Al margen. Las grabaciones son parte del recital que dio Sabines en el Palacio de Bellas Artes. (Si alguien sabe la fecha, no dude en ilustrar al resto. Sé que debió ser en un mes de marzo, pues después del último poema, el público le canta "las mañanitas", aunque en el clip anexo el audio se corta antes.)