Cambia.
Dijo el sol a la luna,
no te puedes quedar.
Cambiad.
Dice la luna a las aguas,
todo fluye.
Kathleen Raine
Esta tarde se marchó la adorada Tía Coccinelle para terminar una etapa de su viaje y comenzar una nueva. A estas horas, después de atravesar los Pirineos, está ya en la Ciudad Luz. Aquí, el silencio de la habitación es tan extraño. Pero resuenan su sonrisa y sus palabras. Y vaya que compartimos palabras durante estos quince días.
Camino del aeropuerto a mi habitación, fue imposible no sentir un profundo huequito ante el tamaño de la ausencia. Pero quedan tantas cosas, pequeña. Dices que te enseñé "un montón de verdades". Sin duda un mérito que no me corresponde. Si acaso habré dado un ligero empujón. Ligerísimo, si lo comparo con el huracán de aprendizajes que detonaste en mí.
Sabes que mis silencios están llenos de agradecimiento y amor.
Allá vas, emprendiendo un nuevo vuelo que sin duda será hermoso, más allá de los reflejos que tenga y que alguno que otro, por más amor que sienta, no logre siempre comprender. Yo aquí, sigo en el destierro de mis propios fantasmas y ejercito las alas para elevarme un día. Y ser eternidad.
En cuanto asomó el sol... primera parada en el mar:
El fin de semana, en Montjuïc; la mitad del cielo absolutamente cerrado, la otra mitad con un despejado al cien:





























