Aviso Importante

A partir de mi regreso a México, el 24 de noviembre de 2008, decidí dejar de publicar en este espacio, con la intención de respetar el cierre de un ciclo. Desde el mismo día, puedes visitar mis ocurrencias en Ernesto-BCN. ¡Gracias por tu visita!
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domingo, 23 de noviembre de 2008

BCN BSO 2: WALK ON

(Actualizado el lunes 24 a las 11:00 desde el aeropuerto de Amsterdam.)

En menos de 24 horas estaré Dios mediante volando sobre el Atlántico con destino a la Ciudad de México. Está de más decir que ando nostálgico y cargado de emociones y sentimientos encontrados. De algún modo, estos tres meses fueron más intensos y vertiginosos que los 10 anteriores, aunque es evidente que fue durante la primera etapa de la estancia que se gestó todo lo que ahora sacude y hierve en mi interior.

Como hace unos meses, desde ayer comencé a elaborar el track list de la banda sonora de esta segunda temporada en Barcelona. Nuevamente, como las opciones son tantas, me limité a los 80 minutos del CD convencional. Va pues la dichosa lista, aunque esta vez me permito reservar para mí el sentido particular de cada pieza.

Barcelona, Giulia & Los Tellarini
La Plage, Yann Tiersen
Cantares, Joan Manuel Serrat
A new day has come, Celine Dion
La Martiniana, Susana Harp
La belleza, Luis Eduardo Aute
Nuestra vida, Eros Ramazzotti
En la planta de tus pies, Alejandro Sanz
When your mind's made up, Glen Hansard & Marketa Irglova
Too many people, Pet Shop Boys
Volver, Carlos Gardel
Aquellas pequeñas cosas, Joan Manuel Serrat

[Actualización 24/11/08. Mientras espero mi vuelo aquí, en Amsterdam, viene a mi mente un track importante para esta BSO: One, de U2]

Al final, decidí que como mi iPod ha estado desarrollando esa extraordinaria conciencia, él debía tener la opción de elegir un par de temas. Primero me propuso "Addio Monti", una joya del maestro Morricone, en la versión de Taro Hakase que aparece en el homenaje We all love Ennio Morricone (no he logrado encontrar una versión en la red, así que la quedo a deber). 

Y la segunda que sugirió no se queda atrás. Se trata del tema final de Carousel, un musical clásico de Rodgers y Hammerstein. La canción ha sido grabada en decenas de versiones. En mi iTunes existen cinco. Y la que decidió reproducir mi iPod fue la de la escena final tal como se escucha en la obra de teatro. También existe una versión cinematográfica de 1956. Y gracias a la magia del YouTube, puedo compartir este himno de esperanza tal y como se escucha en su contexto original.


When you walk through a storm hold your head up high,
And don't be afraid of the dark.
At the end of a storm is a golden sky
And the sweet silver song of a lark.

Walk on through the wind,
Walk on through the rain,
Tho' your dreams be tossed and blown.
Walk on, walk on with hope in your heart
And you'll never walk alone,
You'll never, ever walk alone.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Manecillas

Hace unos días, mientras esperaba un tren de Cercanías en la estación, me quedé un rato contemplando uno de esos relojes de manecillas, típicos de los andenes ferroviarios. 

Veía cómo un minuto dura lo mismo para las tres manecillas y, sin embargo, la experiencia del tiempo es radicalmente distinta para cada una de ellas, considerando no sólo las distancias recorridas y el desgaste vivido, sino, sobre todo, la sensación de velocidad. 

Así, estos días previos a mi regreso los he vivido como segundero. ¡Como me gustaría disfrutar de este par de días —los últimos de esta estadía— siendo algo más parecido a la manecilla de las horas!

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Último miércoles

En los últimos años, llegado el mes de julio, mi trabajo me exigía dirigir unas palabras a los chicos que en aquel momento concluían sus estudios de secundaria o preparatoria. Normalmente, como en cualquier contexto que implicara que diese yo algún mensaje, procuraba construir un texto especial, único, para cada ceremonia. Desde que estudiaba el bachillerato, siempre he aborrecido a los directores y rectores que reciclan sin cesar sus palabras. Como el destinatario particular al que van dirigidas varía cada curso, estos personajes parecen olvidar que alrededor nos encontramos otros receptores, que una y otra vez nos fletamos sus anécdotas como si realmente hablaran de algo que les sucedió la tarde anterior.

Sin embargo, pese a mis esfuerzos por variar un poco las cosas, reconozco que en un par de ocasiones me sentí en la necesidad de repetirme, considerando que era imprescindible recurrir a un breve texto de Michael Ende que, desde que leí por primera vez —hace más de una década— me dejó marcado por su contundencia. Palabras que a lo largo de todo este día —y que seguramente a lo largo de lo que resta de la semana— me han dado vueltas en la cabeza una y otra vez.

Como en este momento mi ejemplar de Carpeta de Apuntes (tal es el título del libro donde aparece el texto en cuestión) se encuentra en la Ciudad de México, me puse a explorar el disco duro y encontré los dos discursos en los que parafraseé a este escritor alemán. 

Comparto aquí el fragmento final de uno de estos discursos, pues hoy, a cinco días de volver a México, adquiere un sentido especial para mí.
La vida está hecha de ciclos… de principios… de finales. A lo largo de nuestras vidas, pasamos por millones de acontecimientos. Muchos de ellos parecen repetirse, o al menos se parecen entre sí. Otros, se nos esfuman en segundos. 

Y a veces no sabemos que algo está sucediendo por última vez. Caminas por una calle que nunca volverás a cruzar; te encuentras con alguien a quien no volverás a ver.

Un escritor alemán, Michael Ende, autor de La Historia Interminable, escribió en una ocasión que, de alguna manera, todo lo que hacemos sucede por última vez. Cada momento es único; aunque otros se le parezcan, no se repetirá nunca.

¿Te has fijado que en cierto modo siempre es "la última vez que"?

Te pregunto, ¿no crees que si supiéramos muchas veces que “ésta” es la última vez, valoraríamos más cada instante? 

Un día alguien cruza la puerta sin decir adiós y… nunca regresa. Un día te vas pensando “mañana le digo lo que siento”… y “mañana” nunca llega.

¿No crees que podemos darle un nuevo sentido a cada momento?

Hoy estás ante una de esas últimas veces que es imposible ignorar. 

No la desperdicies. 
Apunte. Al releer ambos discursos, recuerdo por qué en ambos decidí hacer esta referencia: se trataba de mi último discurso de graduación en las dos escuela, aunque los alumnos y profesores no lo sabían. En ambos casos, yo había presentado ya mi renuncia y había sido aceptada. Era sólo cuestión de días para que el cambio de estafeta se concretara. De ahí el sentido tan peculiar que tenía para mí incluir en estos discursos la idea de hacer algo "por última vez".

lunes, 17 de noviembre de 2008

Una noche en el teatro

Anoche tuve la oportunidad de hacer un emocionante viaje de destinos múltiples. Me llevó a una florería en la que una planta se alimentaba de sangre y llevaba a cabo sus planes de conquista de la Tierra. Me llevó también a ese fascinante mundo del teatro, en el que uno puede reír, llorar y reflexionar a gustísimo, según las condiciones de la obra y, sobre todo, según el ánimo de uno mismo. Me llevó al pasado, pues sobre el escenario trabajaba quien fue uno de mis mejores amigos durante la licenciatura, y verlo con tanto entusiasmo y entrega no pudo sino llevarme a aquellos días en que juntos compartimos varios sueños. Y llego así al otro destino, el más sorprendente, y el más inesperado también: mis propios sueños. 

Pero, vayamos en orden. De este amigo yo no volví a saber nada una vez que salimos de la universidad (nueve años atrás). Y resulta que hace unos meses, una serie de cruces tecnológicos a través del Facebook me llevaron a encontrarme con él en Barcelona, donde lleva viviendo ya varios años, conservando y potenciando su amor por el canto, el baile y el teatro. Nos vimos para cenar y tuvimos oportunidad de recuperar una que otra historia del pasado, del presente y del futuro. Poco después regresé a México y luego regresé a Barcelona. Y hace unos días supe de la presentación del proyecto en que él venía trabajando: La botiga dels horrors (Little Shop of Horrors)

Sobre la obra, bastará decir que pasé un par de horas maravillosas contemplando el trabajo de todos. Sin duda lo que más me emocionó fue ver a quien fue mi gran amigo, trabajando por sus sueños. Actuando, cantando, bailando y dirigiendo estupendamente. Pensar que hace más de diez años éramos unos chavales entrando a los veinte años, soñando y trabajando juntos en un proyecto que resultó inolvidable, me puso inevitablemente nostálgico. Fue un recordatorio de algunos de esos sueños de antaño, esos que uno archiva ante la avalancha del presente y a los que vuelve por casualidades de vez en cuando. Con un poco de melancolía, ¿por qué no?

Hechos como éste, y otros que se han venido conjuntando recientemente, me tienen particularmente reflexivo. Meditabundo. Nostálgico. Cuestionándome un poco sobre mí, sobre lo que he hecho al día de hoy y sobre lo que he dejado de hacer. Evaluando a qué responde lo mucho o lo poco que he logrado hasta ahora. Interrogándome sobre si eso, poco o mucho, tiene algo que ver con lo que alguna vez he soñado.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Aristeo

Suele decirse que la vida es como una montaña rusa, con sus subidas y sus bajadas. La metáfora funciona en ese sentido, pero se agota cuando observamos que en la montaña rusa uno termina siempre en el mismo lugar en el que empezó. Y aunque del polvo venimos y al polvo hemos de ir, cierto es que no nos bajaremos del carrito en la misma estación en la que lo abordamos. 

En estos días de crisis financiera mundial y de tanto escuchar y leer a los "especialistas" hablando del ir y venir de las bolsas, observo que una metáfora de la vida que puede ser más eficaz es justamente la de los mercados financieros –o al menos la teoría que los respalda–. Sin afán de entrar en debates sobre visiones económicas, recurro a esta imagen porque, al menos siguiendo la tradición liberal, se espera que a largo plazo su tendencia natural sea siempre a la alza. Esto no impide que se den periodos de caídas más o menos pronunciadas, aunque la teoría marca que tarde o temprano se terminan recuperando. También eso explicaría que tras un periodo significativo de alzas –de alegrías, en el símil que vengo proponiendo– aparezcan momentos de lo que los "expertos" llaman "toma de utilidades", lo cual se refleja en bajones compensatorios –y que equivaldrían a esas tristezas que irrumpen en medio de las dichas–. 

Así las cosas, si la metáfora que sugiero aplicara al cien por ciento, habría razones para temer a los periodos de excesiva felicidad, pues tarde o temprano toparían con alguna frontera que conduciría a una irremediable y dura caída. Y más todavía: cuando esos lapsos de reacciones a la alza, están respaldados sólo por la especulación, ya se podrá imaginar uno las dimensiones de la posible crisis que siga.

Lo dicho en los tres párrafos anteriores no es lo que había pensado publicar hoy originalmente. De hecho, a lo largo de la jornada varias ideas estuvieron pugnando por un lugar en este espacio. Al final, fueron tantas y tan variadas que no encontré forma de ligarlas y armar una entrada coherente. En medio de mis tribulaciones, reapareció esta metáfora de los mercados, que hace poco compartía a través de mis comentarios en otro blog. Y al final no me pareció tan descabellado desarrollarlo un poco más, sobre todo en días como hoy, de sentimientos tan encontrados. 

Digamos que hoy fue un día de muchas altas y bajas en mi mercado emocional. Por el peso que tiene en el balance final, decido compartir uno de los temas difíciles, esperando mañana hablar de algunos de los que reportaron alzas.

Hoy recibí la noticia de la muerte de un alumno del colegio para el que trabajo en México. A decir verdad, fue sólo la confirmación de algo que ya anoche se me anunciaba como inminente. Aristeo era un chico de los que uno suele decir de inmediato que "tiene ángel". Hace una semana él y otros compañeros sufrieron un lamentable accidente automovilístico. Aristeo resultó el peor librado y, después de una difícil semana, finalmente se nos adelantó. 

Vienen días complicados para todos en la escuela. A través del grupo que chicos cercanos a él promovieron esta semana en Facebook pude dar seguimiento a algunas muestras de cariño que evidencian lo difícil que será para ellos. A través del chat y de algunas llamadas, he confirmado estas impresiones y he percibido también la afectación que pesa sobre algunos colegas queridos. 

Pero para todos nosotros, la vida debe seguir adelante. Porque estoy seguro que Aristeo no nos perdonaría estancarnos en el sufrimiento.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Eternidad

Cambia.
Dijo el sol a la luna,
no te puedes quedar.
Cambiad.
Dice la luna a las aguas,
todo fluye.

Kathleen Raine

Esta tarde se marchó la adorada Tía Coccinelle para terminar una etapa de su viaje y comenzar una nueva. A estas horas, después de atravesar los Pirineos, está ya en la Ciudad Luz. Aquí, el silencio de la habitación es tan extraño. Pero resuenan su sonrisa y sus palabras. Y vaya que compartimos palabras durante estos quince días.

Camino del aeropuerto a mi habitación, fue imposible no sentir un profundo huequito ante el tamaño de la ausencia. Pero quedan tantas cosas, pequeña. Dices que te enseñé "un montón de verdades". Sin duda un mérito que no me corresponde. Si acaso habré dado un ligero empujón. Ligerísimo, si lo comparo con el huracán de aprendizajes que detonaste en mí. 

Sabes que mis silencios están llenos de agradecimiento y amor. 

Allá vas, emprendiendo un nuevo vuelo que sin duda será hermoso, más allá de los reflejos que tenga y que alguno que otro, por más amor que sienta, no logre siempre comprender. Yo aquí, sigo en el destierro de mis propios fantasmas y ejercito las alas para elevarme un día. Y ser eternidad. 

En cuanto asomó el sol... primera parada en el mar:

Una de esas escapadas a caminar en la playa... cielo y mar revueltos... una belleza:

El fin de semana, en Montjuïc; la mitad del cielo absolutamente cerrado, la otra mitad con un despejado al cien:

Desde el mismo punto donde se capturó la imagen anterior, esta belleza: mar y cielo se confunden:

En el Parc de Diagonal Mar... Nuestro parque venido del futuro:

¡Por fin una tortilla española que no se me desparramó! (Ustedes perdonarán la pinta de modorro en pijama.)

Entre los muchos desayunos que nos preparamos, unos chilaquiles pa' recordar el sabor a México:

De las tres o cuatro comidas fuera, las delicias de Etiopía:

Pa' que no digan allá en México que no estoy comiendo bien. Esta fue la de ayer: ensalada, verduras cocidas, polenta y un quiche de champiñones. Uf!!!

lunes, 10 de noviembre de 2008

Dos semanas

Like as the waves make towards the pebbled shore,
so do our minutes hasten to their end,
each changing place with that which goes before
in sequent toil all forwards do contend.

Del Soneto LX de William Shakespeare
En Understanding Media, en el apartado dedicado a los relojes, Marshall McLuhan describe cómo la alfabetización de Occidente hizo posible "nuestro sentir del tiempo como duración", definido a partir de algo que se da entre dos puntos: 
De la división del tiempo en unidades uniformes y visibles proviene nuestro sentido de la duración y nuestra impaciencia cuando no podemos aguantar la demora entre acontecimientos.
O viceversa: cuando por diversos motivos se vuelve difícil sobrellevar la extinción del lapso que separa dos de esos puntos.

No había querido enfrentarlo pero, parafraseando a Shakespeare, los minutos se están precipitando como olas. Busco la forma de concebir el tiempo de otra manera; renunciar a esta visión trágica del tiempo. 

Escribe McLuhan que las velocidades instantáneas, descubrimiento propio de la edad electrónica, "suprimen el tiempo y el espacio y devuelven al hombre a una conciencia integral y primitiva". Estoy convencido de lo primero, pero la experiencia me obliga a diferir claramente en lo segundo.

Así, incapaz de desprenderme de la fatalidad del tiempo, comienzo nuevamente la cuenta regresiva. Con inmensa alegría. Con inmensa nostalgia. Con inmensas inquietudes. Con inmensa esperanza.

Dos semanas.

martes, 28 de octubre de 2008

Un día eterno

Termina un día difícil. Un día cargado de cosas. De todo un poco. Un día que parecía eterno. Pero que al final a encontrado su última hora. ¿Balance final? Difícil de expresar. Cuando tantas cosas van y vienen no es sencillo poner las cosas en blanco y negro.

Lo cierto es que en todo esto ando bastante revuelto. Ya se ve, ¿no? La piel de este blog ha ido y venido en una semana de un lado a otro. Y no termina de hallarse. Quizá reflejo un poco de cómo ando. 

Surgen mil cosas. Algunas difíciles de entender. Pero las acepto. Asumo que juegan un papel y hay que saber encontrarles su sitio. Y en todo este escenario, hoy el sol no dio la cara en todo el día. Nublado permanente y llovizna durante toda la jornada. 

Así, mientras las ideas van y vienen, mientras la confusión y la claridad alternan el dominio de mi mente, acudo a las palabras para dejarme llevar... escribir un rato, divagar sin decir mucho... porque lo necesito, porque me hace falta. Y en medio de las divagaciones divido. Algunas cosas van directo al cuaderno de notas. Para que se almacenen, se cocinen. Unas más irán a parar a una que otra bandeja de correo electrónico, pues por su naturaleza exigen destinatarios precisos. Otras encuentran su sitio aquí. Porque al final uno necesita que algo se escuche más allá. Sin necesidad de esperar respuestas. Simplemente por saber cómo reacciona el aire ante la expansión de sus ondas.

Y aquí me tienes. Siguiendo los dictados del pensamiento sin chistarle. ¡Es curioso cómo a lo largo de estos meses el sentido de este blog ha ido transformándose! Comenzó con una dirección clara y, al poco tiempo, su naturaleza comenzó a mutar. Nunca imaginé los alcances que tendría. Hoy, es un espacio bizarro, que felizmente me acerca con un puñado de viejas y queridas amistades que me conocen relativamente bien y que leen a un sujeto con un pasado común y sobre el que, sin duda, cada día descubren nuevas cosas. Me acompañan también de vez en cuando integrantes de la familia: M, mis padres, mis hermanas, mi hermano, tíos, tías, primos, primas (hay que ser políticamente correctos con esto del género)... gente, todos ellos, que también conoce a un Ernesto a partir de un pasado compartido en ciertos aspectos, un Ernesto que se les revela y descubre aquí en otros tantos que, si no conocían del todo, al menos sospechaban. Y, finalmente, aunque no por ello menos importantes, las maravillosas personas que he venido encontrando a lo largo de estos meses: ellas y ellos, quienes con mayor frecuencia dejan huellas de su paso, obviamente por ser quienes en mayor o menor medida conocen y disfrutan los usos y misterios de estas herramientas tecnológicas; gente, esta última, que sólo sabe de mí lo que se puede reconstruir a partir de estos fragmentos, pero que, en muchos casos, ha leído más de lo que yo mismo creí que contenían estas piezas.

De una idea vuelo a otra, que busca escapar y compartirse. Hace unas horas la ansiedad se acumulaba entre estas cuatro paredes y comenzó a ejercer una presión inusual. Tuve que salir a caminar un rato bajo la incesante lluvia. Vi la hora. 19:25. Camine a Santa María de Gracia para aprovechar la Misa de la tarde y encontrar un espacio de serenidad por un rato. Unos metros después de entrar al templo, llamó mi atención la inusual saturación de cirios en torno a uno de los altares. Minutos más tarde comprendería todo: hoy se celebra a San Judas Tadeo, celebérrimo patrono de las causas difíciles y desesperadas. No me atrevo a decir que mis inquietudes estén al grado de la pérdida de esperanza, ni mucho menos. Aproveché, pues, la ocasión, para reiterar mi agradecimiento por tantas cosas, poner sobre la mesa mi preocupación por tantas otras, y pedir simplemente luz suficiente para seguir descifrando el proyecto con que me toca cumplir. 

Calma, pues. He dicho que necesitaba soltar la mano –con la pluma, con el teclado–, un poco a solas un poco con el eco de quienes como tú se dan por aquí una vuelta de vez en cuando. Sé que comprenderás el desvarío de esta noche y perdonarás aquello que pueda resultar incomprensible o que desentone con las ocurrencias cotidianas. Como dije antes, era necesario. Pero todo está bajo control. 

PD. No sé si el sol dará mañana la cara o seguirá no-brillando por su ausencia. Lo que sí sé es que llega mi querida hermana J. No hace falta revisar los pronósticos del tiempo para saber que será más que un buen día.

viernes, 17 de octubre de 2008

Grietas

De lunes a viernes, en la última página del ADN (uno de los diarios gratuitos que circula en esta ciudad), cinco mujeres -una cada día- comparten en la columna The End unas cuantas líneas reflexiones que igual hablan de lo cotidiano que de asuntos "profundos"; el contenido de la columna puede ser desde gratamente excepcional hasta ridículamente trivial. El texto de Espido Freire que aparece hoy, Corazón roto, entra para mí en la primera categoría. Lo reproduzco íntegro y comparto el vínculo al blog de Freire en ADN.
Ocurre siempre, si una mira con atención: en las estaciones de trenes, en el momento en el que el autobús se aleja, en los aeropuertos (esos lugares de maletines y de separaciones), en los bares en los que alguien se aleja llorando y otro paga la cuenta sin mirar al camarero. Si se levanta la mirada de los aterradores periódicos que hablan de Bolsas que caen y de límites siempre fluctuantes para los ahorros europeos, o se aparta el móvil de la oreja, se interrumpe el flujo de la voz familiar que pide explicaciones o requiere que nos abriguemos, que hará frío, o si se cierra el libro o el iPod, están ahí.

Es algo terrible si somos testigos, vergonzoso si nos ocurre. De pronto, de cara a la ventanilla, con un esfuerzo casi doloroso por no molestar, por que no se note, alguien llora. No nos han enseñado a reaccionar a las lágrimas de los desconocidos. Casi siempre son mujeres, o a veces, niños, adolescentes que viajan solos y que se asustan, o ancianos con muchos años, y con dolores.

Ocurre siempre; y hay una pequeña grieta en el corazón de quien observa. Si se rompe ese espacio, si se pronuncia una palabra amable, si se conocen las historias ajenas, se diluye esa tristeza. Quienes son felices pueden, al menos, ofrecer ese consuelo en los momentos de pena. Pueden cargar sobre sus hombros parte del horror que atenaza a quienes no saben cómo lidiar con las emociones. Lo sabemos las que hemos llorado en aeropuertos, avergonzadas, quienes hemos agradecido un pañuelo o una pregunta. Quien sabe, da.

domingo, 5 de octubre de 2008

Canto

No me llores, no, no me llores, no,
porque si lloras yo peno,
en cambio, si tú me cantas,
yo siempre vivo, yo nunca muero.
Andrés Henestrosa
Un torrente de imágenes invade la memoria. Y digo imágenes por no hallar otra palabra. Pienso también en sonidos, caricias, aromas, sabores... 

Siempre supiste —y me hubiese gustado recordártelo una última vez– que nadie preparaba un arroz rojo mejor que el tuyo. Cuando no estuvo ya en tus posibilidades prepararlo, siempre estuvieron los chocolates –mejor si eran belgas, jaja– para consentir a tu nieto... O a quien fuese que entrara a visitarte al cuarto que fue tu casa durante estos últimos años. 

Nunca dejó de asombrar a propios y extraños la habilidad que hasta el final acompañó a tus manos. Me atrevo a decir –con orgullo, con alegría, con nostalgia– que tu última obra maestra la lució a mi lado la mujer más bella del mundo hace tres años y medio. 

Habían pasado apenas unos días de mi reciente venida a Barcelona, cuando recibí la llamada –que de pronto hoy me parece tan lejana y cercana a la vez– en la que pude despedirme de ti. En tu agonía –que a partir de ese día se prolongaría imprevisiblemente– me hablaste con diáfana lucidez. Gracias por lo que dijiste. Conservo tus palabras aquí dentro, en espera de hacerles justicia y merecerlas algún día.

Me descubro ahora mismo llorando un poco. Algunas lágrimas son realmente mías. Creo que otras las lloro por quienes no saben llorar pero que igual o más que yo sienten eso que, quizá equivocadamente pero a falta de otras palabras y llenos de lugares comunes, llamamos "tu partida". Dejo que las lágrimas corran un poco, que limpien un poco mi rostro y permitan que la sonrisa renazca fortalecida. 

En unos días celebraríamos tu cumpleaños. ¿Serían 95 ó 96? Nunca supe si esa diferencia entre tus cálculos y los de la familia era realmente resultado de una confusa documentación histórica, o era simplemente producto de tu entrañable vanidad.

Muchas lecciones me dejas, Abue. Nos dejas. Ahora mismo no tengo cabeza para evocarlas; será que han pasado sólo unas horas desde que abandonaste tu cuerpo. Confío en que Dios me dará tiempo –no sé si tanto como a ti– para asimilarlas y contagiarlas. Hoy, te abrazo desde acá. Y abrazo a papá y a todos los que cerca o lejos de casa, estamos pensando en ti. Doy gracias a Dios por tantas cosas. Canto y celebro que hoy te reciba de ese lado, permitiéndonos un interlocutor más.

PD. Adorada Tía Catarina. Sé que andas rondando por ahí. No sé si mis palabras lleguen a ti antes o después de recibir la noticia. Hasta el minuto en que decido publicarlas, papá no había logrado contactarte. Lo que sí sé, es que pese a las lágrimas que puedan brotar, sabes, como yo, que abuelita está cuidándonos desde el Cielo, y que quiere vernos sonreír. Te amo pequeña. Te espero pronto por acá.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

De ¡vivas! y confesiones...

Salí rumbo al Poble Espanyol cerca de las nueve de la noche. En la Plaza Mayor del recinto (una curiosa reproducción de emblemáticos rincones de España), se iban congregando cientos de mexicanos, además de españoles festivos y turistas curiosos. Alrededor de la plaza se extendían largas filas para comprar tres tacos por 7 euros o dos tamales a 6, además, por supuesto, de tequilas, cervezas y hasta Jarritos.

Primera confesión: Nunca imaginé que me resultaría tan intensa la nostalgia de pasar -por primera vez según mi memoria- la noche del 15 de septiembre lejos de mi país. Nunca había sentido ganas de gritar tan alto y con tanta fuerza ¡Viva México! Quizá por eso, al poco de estar en la plaza, dejé que corrieran unas lágrimas.

Minutos antes de las once de la noche cesó la música festiva y se escuchó el Toque de Bandera, para que el lábaro patrio, escoltado por mariachis, fuese recibido por el Cónsul de México en Barcelona, quien subió al balcón para invocar a los héroes y provocar los "vivas" de la multitud que nos habíamos congregado. Vino el Himno Nacional y se arrancaron los mariachis.

Segunda confesión: Tanto minutos antes de que se celebrara el ritual, como durante la arenga y ¡por supuesto! la interpretación de nuestro Himno, no paré de llorar. Sentimientos muy encontrados. Quizá las líneas que siguen ayuden a explicarlo.

Había a mi alrededor todo tipo de mexicanos… pero predominaban claramente cientos de jóvenes. No dudo que algunos anduviesen turisteando pero, la mayoría, seguramente viven –estudian y/o trabajan– aquí. Lo paradójico, es que esos mismos que –con "la verde" bien puesta, tequila en mano y con bandera atada al cuello o en cualquier otro lado– respondían alegremente cada ¡viva!... esos mismos, al día siguiente -como seguramente el día anterior- andaban ya por ahí renegando de su país y agradeciendo estar lejos, con ganas de no volver. Parece que el "¡viva!" está bien para una cerveza o para entonar una ranchera con el mariachi a lado… pero nada más.

No me quedé mucho tiempo. Me agobió pensar en esa paradoja de nuestro pueblo que –si acaso- celebra e identifica a su Patria con el jolgorio, pero que se resiste al compromiso con su Tierra; que define a México por el folclor, su comida, sus fiestas, su música, sus paisajes… olvidando que México somos cada uno de los que por alguna u otra razón somos mexicanos y, como tales, herederos de un legado y garantes de un futuro.

Para rematar… Tercera confesión: Me fui a dormir… entusiasmado por la necesidad de contagiar mi amor a México. Orgulloso de mi Patria. A primera hora de la mañana siguiente, como todos los días, revisé en internet los portales de varios diarios mexicanos. Apenas habían pasado un par de horas de la tragedia en Morelia, Michoacán. Y otra vez, lloré un rato.

Hoy es día 17 y ha sido un muy buen día. Hago frente al dolor y a la confusión con entusiasmo, con ese patriotismo que algunos tachan de anticuado. Porque así soy. Porque me da la gana. Porque se me llena la cabeza de ideas. Y porque, como diría la canción, me muero por volver. Entre tanto, aquí voy, trabajando para, desde mi espacio -y seguramente contigo-, seguir construyendo.

sábado, 13 de septiembre de 2008

Pausa

Decir que ha sido una semana pesada puede sonar exagerado. Si no pesada, ha sido al menos intensa, cargada de asuntos. De todo un poco. Al final, aquí voy. Echando mucho de menos. Pero bien, gracias a Dios. Leyendo mucho, eso sí. Haciendo de nuevo mil anotaciones sobre tantas cosas que cruzan mi cabeza. Me propongo, para los próximos días, varias cosas en torno al blogging: subir algunas imágenes de lo que fueron los dos meses de verano en México, compartir fragmentos e ideas derivadas de algo de lo que ando leyendo, hacer algunos apuntes sobre lugares que he visitado en estos días y que espero visitar en los días siguientes. Ya se ve, muchas cosas. ¿Con un párrafo sobre cada cosa bastaría? Seguro. Lo que no sé es si seré capaz de síntesis semejantes. Veremos.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Abordando

Estoy en la sala 22 de la Terminal 1. Listo para abordar en unos minutos. México-Amsterdam-Barcelona. Dios mediante la próxima entrada será publicada desde las orillas del Mediterráneo. Y empezaré a ponerme a mano. Relatar algo de lo mucho que viví en estos dos meses y que no tuve oportunidad de compartir. Y retomar la crónica del exilio voluntario. 

Ya estoy extrañando. Y al mismo tiempo, con la necesidad de retomar el espacio para pensar. Retomar el tiempo para permitir que maduren algunas de las ideas que ya se cocinan dentro de mí. Y volver. Con más fuerza.

martes, 1 de julio de 2008

Conectando con poca conexión en JFK

Sí, suena extraño, paradójico o hasta ridículo. Me explicaré. Estoy en el aeropuerto JFK de NY. Aterricé a las 12.45 PM, hora local. La salida de mi vuelo hacia el DF está programada a las 5.55 PM. (La conexión no fue tan breve como creía, ya se ve.) Una vez atravesado el control de pasaportes, recibido y re-entregado el equipaje, y superados nuevamente los controles de seguridad, me encuentro en la Terminal 3, para esperar mi nuevo vuelo. ¿Qué se puede hacer? Esto es un infinito centro comercial. No se trata de una mera provocación para el consumo. Estoy hablando de una presencia tan invasora de los comercios que me agobio de describirlo. Poco espacio para cualquier cosa que no sea consumir. Y cuando encuentro una sala relativamente tranquila, ¡no existe manera de conectarse a internet! ¡Increíble! ¡Estoy hablando de JFK! Recorro varias. Algunas llenas, algunos pasillos más o menos despejados. Y nada. Al final, estoy en la Sala 6, donde en un rato se abordará un vuelo hacia Salt Lake City. Una sala medianamente ocupada donde ¡milagrosamente hay red inalámbrica!

Toda esta búsqueda era para revisar correos, matar un poco de tiempo y, sobre todo, para escribir aquí un par de líneas. Decir que estoy emocionado. Que lo de las dos lágrimas sucedió casi como lo describí en la entrada anterior. (Casi porque no fueron una y una, fueron muchas y muchas.) Que seguramente en el vuelo que sigue esas emociones seguirán revoloteando. Que quiero llegar a México, tanto como ya echo de menos Barcelona. Que conforme pasan los minutos, me angustia no ser capaz de conservar lo que he descubierto, y dejarme devorar por la inercia, por los itenerarios. No será fácil. Pero estoy convencido de que el esfuerzo por cuidar esto que he venido descubriendo, bien vale la pena.

Por lo pronto, ya estoy más cerca.

How about love?

Si todo va de acuerdo con itinerario, cuando esta entrada se publique estaré volando rumbo a la Ciudad de México, con breve escala de conexión en Nueva York. Puedo imaginar el vuelo: escapará sin duda al menos un par de lágrimas. Una será de alegría, por supuesto: vuelo hacia ti bb, hacia buena parte de la familia, hacia entrañables amigos, hacia el mundo donde por más de tres décadas me he construido, al que inevitablemente pertenezco y al que quisiera aportar algo. Las causas de la otra lágrima son más difíciles de describir: puede que sea la nostalgia, la melancolía; la conciencia de cerrar un ciclo y dejar atrás un espacio-tiempo que resultó tan impredecible como apasionante.

¿Cómo medir el tiempo? ¿Cómo medir esta estancia en Barcelona? Quizá "medir" suena extraño, pero en el fondo es la idea que subyace en muchas de esas preguntas -bienintencionadas todas- que hará la gente en los próximos días.

¿En número de clases? ¿En aprendizajes concretos obtenidos durante el curso de doctorado? ¿En lugares visitados? ¿En gente conocida? ¿En días? ¿En número de piezas de equipaje para el regreso?

Es claro que lo que mejor ayudaría a "evaluar" lo que ha pasado de septiembre a hoy son solamente aspectos intangibles dentro y fuera de mí, de éste y del otro lado del océano. Intangibles e incluso indecibles, a falta de un vocabulario y una gramática que resulten medianamente satisfactorios.

Por eso, prefiero explorar una posible respuesta: ¿qué tal en amor?

lunes, 30 de junio de 2008

España

Quiero escribir algo pero me cuesta trabajo. No logro encontrar palabras, pese a lo mucho que me revolotea dentro.

Vaya forma más peculiar e intensa de cerrar estos meses en España que viendo a su seleccionado coronarse campeón de Europa. Como citan algunos titulares esta mañana, España se volvió loca, de alegría, claro está.

Como muchos, pensé que el festejo en Cataluña sería insignificante. Aquí no hubo pantallas gigantes. Pero la gente sí que salió a las calles. Pasada la una de la mañana, andando del barrio de Gracia a mi habitación en los límites de Ciutat Vella y Exiample, fui testigo de la alegría de muchos.

Mientras caminaba, un universo de imágenes desfiló dentro de mí. De todo un poco. Cito tres, estrechamente relacionadas con este país.

1985. Concursando en la final de declamación en tercero de primaria... "Ya se está el baile arreglando. / Y el gaitero, ¿dónde está? / -Está a su madre enterrando, / pero enseguida vendrá. / -Y ¿vendrá? -Pues ¿qué ha de hacer? / Cumpliendo con su deber / vedle con la gaita..., pero / ¡cómo traerá el corazón / el gaitero, / el gaitero de Gijón!" Esa vez el melodrama no dio los frutos de "Mamá, soy Paquito" dos años antes.

1986. Mi tía Tithy, mi hermano Rodrigo y yo, caminando por las calles de Madrid. El parque del Retiro, con un calor de 40 grados. La visita al zoo. Los lienzos comprados en El Prado, perdidos y hallados en una cabina telefónica.

1991. Los días de "trovador" en la preparatoria... "A mí me gusta el pinpiririnpinpín / de la botella el pampararampampán / con el pimpiririnpimpín / con el pampararampampán / el que no beba vino será un animal."

Vuelvo al presente. 2008. Quedan menos de 24 horas para que aborde el avión en que atravesaré el océano Atlántico. Y vaya que ansío volver. Pero ya estoy echando mucho de menos este lugar. He dicho que Barcelona se ha convertido en una actitud. Y lo sostengo. Pero España se ha convertido en algo más. Barcelona (como ciudad) ha sido el escenario, España una protagonista. Lo ha sido a través de su gente, la del norte y la del sur. (Y sobre todo a través de quienes me abrieron las puertas de su afecto.) Esa gente que me ha permitido contemplar algún fragmento del país, que me acercaron su visión de España. Con sus contrariedades, con lo que les confronta pero también con lo que les une. Aunque eso que les une a veces sea algo tan aparentemente accesorio como el futbol.

sábado, 28 de junio de 2008

BCN BSO

Siguiendo la cuenta atrás, esta mañana amanecí con la idea de materializar uno de esos tópicos que, pese a ser lugares comunes, pueden ser muy poderosos. Me refiero a esa idea de la banda sonora que nos vamos construyendo a lo largo de nuestras vidas. Me decidí a integrar la banda sonora original de estos meses en Barcelona. Como toda banda sonora, mi iniciativa queda limitada por los 80 minutos de un disco compacto convencional, por lo cual la discriminación resulta inevitable; intenté, de cualquier modo, dejar las referencias fundamentales y representativas.

1. Para el prólogo de la historia, este tema de Yann Tiersen, tomado de la b.s.o. de Amelie. La pieza ha estado siempre conmigo, al despertar, al irme a dormir, y fue esencial en la programación mental que me hice antes de salir de mi pueblo.


2. Los créditos iniciales, que se proyectarían durante el vuelo a Barcelona, pueden musicalizarse con un tema de Piazzolla: Sur: Regreso al Amor, particularmente la grabación del compositor en el álbum La Camorra. No encontré una versión completa en línea. Pero aquí hay un fragmento, tomado de Assassination Tango.

3. Un tema de La Misión, cuya música he citado con frecuencia, acompaña la visita al sntuario y la montaña de Montserrat: En la tierra como en el cielo


4. Una pieza mítica. Un tópico, incluso. Pero sus acordes siempre resuenan en mi cabezaa cuando camino por las Ramblas, o cuando ando de guía de turistas: Barcelona Nights, de Ottmar Liebert.


5. Uno de mis descubrimientos en Barcelona, a través de una de mis escapadas a el Palau de la Música, fue la Sinfonía de los Temperamentos de Nielsen. En mi b.s.o. aparecería el cuarto movimiento, pero tampoco conseguí una muestra en línea. Esa sí la quedo a deber.

6. La inspiración para estudiar suele ir acompañada de Philip Glass. Una de las básicas, sin duda, el tema de la película The Hours.


7. Esta podría llamarse en mi peli "El Tema de M". [Sé que es una de tus favoritas bb, pero además, desde que llegué, escucharla es increíblemente poderoso, emocionante... La letra nunca antes había tenido tanto sentido para mí.] En realidad, se llama Te mando flores, del colombiano Fonseca.


8. Esta pieza estaba también en la música con la que me programé para venir. Pero aquí se volvió más grande, después de que, cuando M vino en diciembre, fuimos a Delirium, del Cirque du Soleil, en su paso por el Palau Sant Jordi: La Nova Alegria.


9. El Huapango de Moncayo es otra de esas piezas que se potenció con la distancia de mi tierra, como describí en otra entrada. Como no encuentro en línea la versión que me acompaña y me emociona, y como la de Luis Cobos que se consigue tan a la mano no me gusta, dejo esta, de Liliana Felipe: una versión diferente, divertida e inteligente.


10. Once fue una película que marcó también mi estancia. Incluyo Falling Slowly por ser la más representativa (hasta lloré cuando ganaron el Oscar por mejor canción, jaja). 


11. August Rush la vi primero en el avión durante mi escapada a México de Semana Santa. A los pocos días de mi llegada la estrenaron allá y repetí, ahora con M. Como conté antes, es una de esas pelis que me hacen chillar a todo lo que da. La b.s.o. se la di como regalo de aniversario a M (con auxilio de mi madre) pero yo todavía no la tengo en mi iTunes. Sin embargo, gracias al internet, de vez en cuando me encanta escuchar alguna pieza, como Something Inside.


12. El dueto Amaral fue otro de mis hallazgos en estos meses. Muchas rolas me molan. Pero No soy como tú ilustra bien las crisis, los conflictos que también ha significado mi explorar a lo largo de estos meses.


13. En mis escapadas matutinas a la playa, procuro acompañar un rato el sonido de las olas con las 10 Easy Pieces for Piano de Zbigniew Preisner. En especial, A good moring melody. (Otra que quedo a deber, pues no conseguí ligas.)

14. La última secuencia de la experiencia está por vivirse: el vuelo de regreso. Ahí se escuchará sin duda Vuelvo al Sur (sobre la cual ya he dicho algo), pero en la reciente grabación de Teresa Salgueiro. 

15. Para los créditos finales, una canción reciente, muy sencilla, pero que resume no sólo diez meses en Barcelona, sino también diez años de conocer a Mariana. Una canción que, además, mira al futuro: Vuelvo a comenzar.


Bonus Track. La banda sonora lleva una pista adicional, de regalo. Pero ésta será revelada aquí hasta el día 1, cuando el avión ya esté en el aire. La entrada ya ha sido programada. Mientras tanto, me dispongo a armar el equipaje. 

martes, 24 de junio de 2008

Vuelvo

Comienza la cuenta atrás. Y con ella, como he venido diciendo, los recuentos. Tal vez soy un exagerado. ¿Qué son nueve o diez meses?
Vuelvo al Sur, 
como se vuelve siempre al amor; 
vuelvo a vos, 
con mi deseo, con mi temor.
Y por un momento las emociones engañan. De pronto, la sensación de "tener que" volver. Y no es que el "querer" desaparezca. El deseo, la urgencia de volver late con fuerza. Pero también la ingenua ilusión de extender este paréntesis. De prolongar el silencio que me encontró y en el que me encuentro. ¿En qué equipaje puedo meterlo? Para llevarme un trozo y poder evocarlo cuando haga falta. Refugiarme en su inmensidad y conservar al que soy. El que había olvidado.
Llevo el Sur, 
como un destino del corazón; 
soy del Sur, 
como los aires del bandoneón. 
En cierto modo nunca me fui. Y es que ese destino está tan marcado aquí dentro que por grande que fuese la distancia, he estado ahí. Fue solo un espacio en el tiempo. En cierto modo el tiempo se detuvo. Me brindó la oportunidad de salir de su ruta vertiginosa y caminar por otra vereda. Y se acerca el momento de retomar aquel ajetreado camino. Ingenuamente espero que todo ahí esté como cuando lo dejé. Y quizá con la misma ingenuidad aquello esperará encontrarme intacto. Pero en el fondo, tanto lo que hay en aquella ruta como yo, sabemos que no es así. Que hemos cambiado. Que el tiempo no se detuvo. Que sí me fui. Aunque fuese por un rato. Pero a pesar de las transformaciones, grandes o pequeñas, evidentes o imperceptibles, ciertas cosas se llevan como destino en el corazón.
Sueño el Sur, 
inmensa luna, cielo al revés; 
busco el Sur, 
el tiempo abierto, y su después. 
Tiempo abierto. ¿Y su después? Vuelvo al Sur. Y aunque después he de volver también a este puerto, es claro que algo termina. El próximo viaje al Norte será distinto. Éste, se desvanecerá en unos días. Algo queda. Como siempre. Pero también algo se va. Y queda en uno conservar lo que se pueda.

[Paréntesis: Mientras escribo, otro tango, uno de los de siempre, se aparece en mi cabeza... Tengo miedo del encuentro / con el pasado que vuelve / a enfrentarse con mi vida. Deseos y temores se mezclan. Se vuelven inseparables. Indistinguibles unos de otros. ¿Son cosas distintas? Son lo mismo.] 

Lo cierto es que tengo esta manía con los ciclos, los comienzos, los finales... Aunque sea para que la vida tenga otro sabor. Eso explica, quizá, mi obsesión por registrar cosas, por encontrar patrones temporales, por conectar unas cosas con otras, por darle ese toque de relato a lo que, posiblemente, no son más que fragmentos. El hecho es que en una semana, a estas horas, estaré volando rumbo al sur.
Vuelvo al Sur, 
llevo el Sur, 
te quiero Sur...
Apunte: Vuelvo al Sur es una canción con música de Astor Piazzolla y letra de Fernando Solanas. La versión que escuchas está en voz de su intérprete original en la banda sonora que Piazzolla dio a la película Sur, de 1988. Los Gotan Project tienen una versión deliciosa en La Revancha del Tango.

P.D. Anoche la verbena fue interesante. En los barrios, las hogueras en atmósfera de pueblo. Era curioso caminar por el Eixample y toparse en un cruce con la hoguera encendida y los vecinos conviviendo alegremente en largas mesas, mientras los chicos lanzaban petardos al fuego. Abajo, en la playa, la multitud era impresionante. El ambiente de fiesta, por supuesto. En toda la ciudad, tronido de petardos toda la noche. 

jueves, 19 de junio de 2008

21 Reasons Why I Love 90's. Part II: Late 90's

Quedamos en eso de la llegada del 94 y la pérdida de la inocencia. O, podría decirse también, pagar el precio de la mayoría de edad. (En diciembre de 93 había cumplido 18 años.) 

Entre los recuerdos que no son para "amar" los noventa, está sin duda ese error de diciembre. Estalló de forma peculiar en la visión de mi ingenuidad adolescente. (A los 18 uno sigue siendo un adolescente. Y a los 20 y a los veintitantos y a los...) 

Eran los días en que, entusiasmado por el dance, había decidido que era momento de abandonar los experimentos con la vieja tornamesa de casa, los cableados "arreglados" y todos los artilugios que me había inventado durante varios años para "mezclar" música. Quería convertirme en DJ y era hora de dejar atrás mi pequeñita mezcladora de cuatro canales, para comprar una tornamesa de discos compactos hecha y derecha. Había ahorrado durante mucho tiempo para "regalarme" una Denon pa celebrar mis 19 años. Y justo después de mi cumpleaños, el peso sufrió aquella histórica devaluación. El precio de mi tornamesa se disparó a los cielos. Y punto.

Aún así, en medio de ese despertar, la segunda parte de la década tiene sus cosas. Eso sí, cada vez más paradójicas:

16. La carga de aquel 94/95 se sintetiza en una película que me llevó a rendirme ante la pantalla una y otra vez: Pulp Fiction de Tarantino. (Vaya contrastes: la temporada anterior, mi película había sido The Age of Inocence de Scorsese.)

17. A partir de 95 descubriré "el otro cine", ése que se hace en este continente donde hoy respiro, y que a mí me había pasado desapercibido. Encontraré a dos de mis genios favoritos: Kieslowsky y Wenders. En los noventa, el primero nos obsequió su trilogía de los colores, Azul, Blanco y Rojo; el segundo ¡Tan lejos, tan cerca! e Historia de Lisboa, entre otras. Y con todas esas películas, un deleite de bandas sonoras. (La mayor parte de estas películas son de la primera mitad de la década, pero muchas nos llegaron a México a mediados de la misma.)

18. En 94 arranca la mítica serie de televisión Friends. Y aquellos seis amigos nos acompañarán y marcarán el cambio de siglo. No me extiendo: remito a la entrada que publiqué el 14 de febrero.

19. En esa segunda mitad de los noventa llega a mi vida el correo electrónico. Primero, con la cuenta FTP que nos daban en el Tec. Al poco tiempo abriría mi primera cuenta de hotmail. El resto, es de sobra conocido. Y lo que falta.

20. Primavera de 1998. Una más del celuloide: Great Expectations, de Cuarón. No sé cuántas veces la vi en el cine. Muchas. Sólo, mal acompañado, bien acompañado... Ese año, en el verano, varias veces después de ver la peli, conocí a Mariana. ¡Hace ya 10 años!  

21. En 1999 sale al mercado la Power Mac G4. Una de ésas se convertiría en mi primera Mac. Ahí se irían por primera vez mis ahorros. Uno de tantos arrebatos que me han obligado a comenzar una vez más desde cero (arrebatos de los cuales no me arrepiento). Arrancaba oficialmente mi vida digital. Con los años llegaría mi MacBook G3 y hace un par de años la PowerBook G4 desde donde escribo en este momento.

Hubo más cosas, sin duda. Pero el acuerdo fue dejarlas en 21. Así que ya está. 

En verano de 1999 me gradué. La década terminaba ahí, un día de mayo. Al día siguiente estaba trabajando. Según el calendario a los noventa les quedaban varios meses. Pero yo ya estaba en otra historia. 

miércoles, 18 de junio de 2008

21 Reasons Why I Love 90's. Part I: Early 90's

A partir de la excelente charla virtual con el JuanPa, surge la idea de este Top 21 sobre por qué los noventa molan (o why 90's rule, ¿vale?)

Durante los noventa transcurre buena parte de mi adolescencia (la mitad de secundaria y toda la prepa) y luego mi licenciatura (de 94 a 99). Así que los 90 son el escenario de esa compleja y extraña adolescencia-juventud.

Por razones que más adelante explico, aquí aparece la primera parte de mi lista.

1. Con el cambio de década llega y desaparece de mi vida el Nintendo. En menos de dos años ese vicio había alcanzado su punto culminante para luego desaparecer y llevarse los videojuegos de mi vida.

2. El cambio de década me sorprende todavía con los cassettes. Uno de los últimos, Immaculate Collection de Madonna. Síntesis de los 80 y puerta de lo que habría de venir.

3. Las máquinas de escribir eléctricas. ¡O milagro de la tecnología! En 91 compré una con mis ahorros. Un par de años después llegarían Windows y sus procesadores de textos para comodidad de todos.

4. En el verano de 90, de shopping en McAllen, descubrir la invasión de Los Simpson. Recuerdo la t-shirt que compré y llevé a un campamento de la escuela, cuando esos sujetos amarillos eran apenas conocidos.

5. Llega a mi vida el Compact Disc... En 91 comienza mi colección de CD's. Entre los primeros...

6. Joyride de Roxette. A la fecha, me encantan. Por supuesto que no fueron los únicos suecos de la década: ahí están también los Ace of Base y The Sign.

7. Con Ace of Base todo la época del dance... Culture Beat, Corona, Snap, Dr. Alban... Pero, sobre todo, Real McCoy. A la fecha, Another Night es un must en el iPod, por supuesto.

8. Aidalai de Mecano. Uno de mis primeros CD's en español. Su gira, un sueño. Dos veces los vi en el Auditorio Nacional, recién re-estrenado.

9. Los cuadernos Mead con separaciones. Me acompañarían a partir de 91, con la llegada a prepa, y hasta el resto de mi carrera.

10. En 92 García Márquez publica sus Doce cuentos peregrinos. Sería mi primer contacto con Gabo. Un clásico en mi colección.

11. The Bodyguard, llega a los cines de EUA en 92 y al año siguiente a México. Y con ello, el I will always love you de Whitney Houston. "And I......"

12. Noviembre de 93: Madonna y su Girlie Show en el Autódromo Hermanos Rodríguez (hoy Foro Sol). Un gran concierto para un disco entre mediocre y adelantado a su tiempo. (Así que pese a la mediocridad de Hard Candy albergo esperanzas para el concierto en noviembre, en el DF ¡15 años después!)

13. Los jeans rotos, cuando todavía no era porque así te los vendieran. ¡Anduve con las rodillas de fuera por años!

14. Las camisas de estampados ridículos, con la manga arremangada y desabotonadas, dejando ver alguna t-shirt debajo.

15. En 94, una de mis primeras y únicas salidas a antros: la noche final de Magic Circus. Mítica. Terminaban los años de las grandes pistas para bailar (y yo descubría que mis tendencias discotequeras habían nacido fuera de época; de ahí en adelante, a bailar sólo en bodas y XV años).

Estamos, pues, en 1994. El primer día del año se había levantado el EZLN en Chiapas. En marzo asesinaban a Colosio. En diciembre vendría el trágico "error" para la crisis económica del 95. Era el final de la inocencia, al menos para mí.

En la próxima entrada contaré algo sobre esa transición... y dejaré los últimos 6 puntos de la lista para los late 90's.