Aviso Importante

A partir de mi regreso a México, el 24 de noviembre de 2008, decidí dejar de publicar en este espacio, con la intención de respetar el cierre de un ciclo. Desde el mismo día, puedes visitar mis ocurrencias en Ernesto-BCN. ¡Gracias por tu visita!

viernes, 17 de octubre de 2008

Grietas

De lunes a viernes, en la última página del ADN (uno de los diarios gratuitos que circula en esta ciudad), cinco mujeres -una cada día- comparten en la columna The End unas cuantas líneas reflexiones que igual hablan de lo cotidiano que de asuntos "profundos"; el contenido de la columna puede ser desde gratamente excepcional hasta ridículamente trivial. El texto de Espido Freire que aparece hoy, Corazón roto, entra para mí en la primera categoría. Lo reproduzco íntegro y comparto el vínculo al blog de Freire en ADN.
Ocurre siempre, si una mira con atención: en las estaciones de trenes, en el momento en el que el autobús se aleja, en los aeropuertos (esos lugares de maletines y de separaciones), en los bares en los que alguien se aleja llorando y otro paga la cuenta sin mirar al camarero. Si se levanta la mirada de los aterradores periódicos que hablan de Bolsas que caen y de límites siempre fluctuantes para los ahorros europeos, o se aparta el móvil de la oreja, se interrumpe el flujo de la voz familiar que pide explicaciones o requiere que nos abriguemos, que hará frío, o si se cierra el libro o el iPod, están ahí.

Es algo terrible si somos testigos, vergonzoso si nos ocurre. De pronto, de cara a la ventanilla, con un esfuerzo casi doloroso por no molestar, por que no se note, alguien llora. No nos han enseñado a reaccionar a las lágrimas de los desconocidos. Casi siempre son mujeres, o a veces, niños, adolescentes que viajan solos y que se asustan, o ancianos con muchos años, y con dolores.

Ocurre siempre; y hay una pequeña grieta en el corazón de quien observa. Si se rompe ese espacio, si se pronuncia una palabra amable, si se conocen las historias ajenas, se diluye esa tristeza. Quienes son felices pueden, al menos, ofrecer ese consuelo en los momentos de pena. Pueden cargar sobre sus hombros parte del horror que atenaza a quienes no saben cómo lidiar con las emociones. Lo sabemos las que hemos llorado en aeropuertos, avergonzadas, quienes hemos agradecido un pañuelo o una pregunta. Quien sabe, da.

2 comentarios:

Diliviru dijo...

Bonito Texto, y muy lleno de razon, a veces es mas comodo ante lagrimas ajenas escondernos o hacernos el desentendiso, quiza por la pena a como reaccione la otra persona.. no se, pero no he conocido a alguien que le moleste ser confortado en un momento dificil. Saludos y un abrazo enorme

Lau dijo...

Cierto, muy cierto. Sirve para la reflexión tras un día difícil. Saludos!!!!